Avril estudió la licenciatura y la maestría en Zoología de vertebrados en Rusia. Su doctorado lo hizo en el área de ecología, en Desarrollo sustentable aquí en México. Además, realizó un posdoctorado en Macroecología de mamíferos en Chile. Tiene 39 años y es originaria de Oaxaca.
Flor (F): Avril, un gusto contar contigo en el blog Mexicanas al Grito de Ciencia***. Gracias por aceptar la invitación. Cuéntanos, ¿en qué momento de tu vida surgió la inquietud de dedicarte al área científica? y en esta área, ¿has sufrido alguna discriminación por ser mujer?
Avril (A): Yo sabía que quería hacer algo en la naturaleza, desde pequeña he sido muy curiosa y mis papás siempre me animaron. No es que yo dijera, “quiero ser científica”, sino más bien, siempre he tenido la curiosidad de un investigador; me entra una duda y no me estoy quieta hasta aclararla, una característica de cualquier científico. Fíjate que en cuestión de estudios, personalmente, no he sentido hasta la licenciatura una diferencia en cuanto a género; solo en la secundaria, en donde yo quería estudiar carpintería y no había para niñas. La vocación científica como tal, la adquirí en la licenciatura. Cuando salí de la prepa no sabía bien a qué quería dedicarme, de ahí salí con cédula de técnico en diseño gráfico e hice servicio social en Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), por lo que me mandaron 2 años a comunidades de la sierra sur donde se vive en situaciones muy precarias. Esa experiencia fue reveladora acerca de lo que quería hacer: estar en la naturaleza. Siempre me han gustado los animales. Estando en esas comunidades supe que quería dedicarme a algo que tuviera que ver con la naturaleza y con observar animales, pero no sabía exactamente qué carrera estudiar. Acá en Oaxaca no se conocía mucho o no había muchas carreras. Entonces, mi papá conoció a una persona que era zoóloga, alemana y ella le dijo: “existe una carrera para lo que quiere tu hija pero dile que busque”. Entonces busqué fuera de México becas para el área de Zoología y encontré que el gobierno ruso ofrecía una beca.
No es que yo dijera, “quiero ser científica”, sino más bien, siempre he tenido la curiosidad de un investigador; me entra una duda y no me estoy quieta hasta aclararla, una característica de cualquier científico».
F: Qué sorpresa, irte a otro país tan joven, ¿en qué consistía la beca? En su momento, ¿fue una decisión difícil irte a vivir a otro país? ¿tuviste que pensarlo mucho?
A: La beca consistía en que la universidad era gratuita, te daban un año de ruso, ya que no era necesario conocer el idioma y te daban un apoyo para gastos médicos, como un tipo de seguro médico. Había cuatro países donde ofrecían beca para licenciatura; escogí Rusia porque entre los otros países estaba la India, pero necesitaba saber inglés muy bien. Las otras opciones eran Panamá y Japón, pero ahí no había Zoología. También estaba Irán o Irak, pero estaban en guerra. Llegué a Rusia de 21 años. Digamos que cuando tienes esa edad no mides las consecuencias de las decisiones que tomas, solo te arriesgas. Llegué al aeropuerto sin saber si iban a pasar por mí, no sabía nada; estaba en un país que no era el mío, no hablaba el idioma y no tenía contactos. Sin embargo, el corazón me decía que tenía que hacerlo. Y esa vocación no era tanto como de ciencia sino más bien, de seguir un sueño que me permitiera trabajar en la naturaleza, observar a los animales y ayudar en su conservación.

Llegué al aeropuerto sin saber si iban a pasar por mí, no sabía nada; estaba en un país que no era el mío, no hablaba el idioma y no tenía contactos. Sin embargo, el corazón me decía que tenía que hacerlo. Y esa vocación no era tanto como de ciencia sino más bien, de seguir un sueño que me permitiera trabajar en la naturaleza, observar a los animales y ayudar en su conservación».
F: Qué interesante, Avril! Después de todo, así surge la ciencia: el método científico comienza con la observación. ¿Cuántos años estuviste en Rusia? Durante ese tiempo, ¿viniste alguna vez a México?
A: Estuve 6 años, un año de idioma ruso y 5 años de carrera, pero la carrera allá es diferente, le llaman especialidad. Salí con un diploma de especialidad que aquí en México se compara con una maestría. Fue un rollo porque aquí no existe ese sistema. Para revalidar, me lo contaron como licenciatura y maestría en Zoología. Solo vine dos veces a México en esos 6 años. Mis familiares hicieron vaquita y me pagaron el vuelo porque era caro. Allá tenía una beca que era como de $200 al mes que usaba básicamente para los camiones. Fue gracias al apoyo de mis papás y a la beca de CONAFE que pude mantenerme. La educación es gratuita en Rusia y además, a los mejores promedios les daban dinero. Yo tenía uno de los mejores promedios, pero era extranjera, por lo que no tenía los mismos beneficios. Sin embargo, tuve un profesor ruso, Valerian Ivanovich, quién peleó mucho por esos derechos para mí y gracias a él tuve ese apoyo.
F: ¿Cuál dirías que fue uno de los mayores retos a los que te enfrentaste estando allá?
A: Fueron varios retos. En cuanto a lo personal, había veces que me levantaba a las 7 am porque entraba a las 8 am a la universidad en un día de invierno a 25 grados bajo cero, sin ganas de salir de la cama y me preguntaba: “¿qué hago aquí?”, “¿qué hago del otro lado del mundo, lejos de mi familia?”, “¿lo que hago, realmente vale la pena?” y en mi cuarto tenía pegada una imagen de una pantera negra. Esa era mi motivación, porque me recordaba mi sueño y por qué había viajado a otro país. La veía y decía “sí vale la pena porque quiero estudiar a los animales”. Si no, yo creo que no hubiera aguantado. Otro reto fue el idioma: el primer año no entendía ni papa, pero mis compañeros me ayudaron muchísimo, yo me sentaba con mi libro, el diccionario y los apuntes de mis amigos. Era el triple de trabajo porque tenía que estar traduciendo, entendiendo lo que me enseñaban y como yo nunca aprendí biología en México, todos esos conceptos los aprendí en ruso. Si ahorita me preguntas de esos conceptos en español, no los sé, pero en ruso sí; es la parte cognitiva, aprendes conceptos en otro idioma y no los traduces porque los aprendiste en ese idioma. Otra cosa fue que en Rusia me tocó ver que hay una separación muy fuerte entre hombres y mujeres en la ciencia: yo quería estudiar los gatos silvestres, pero Valerian me dijo que no podía porque sólo había un gato en toda la reserva, así que si quería hacer mi proyecto en la reserva tenía que estudiar al jabalí y al alce, ya que de esos sí había varios. Yo dije: “está bien”, pero cuando fui a la reserva, los encargados me dijeron que estudiar jabalíes no era para mujeres porque era peligroso, que mejor estudiara ratones. El profesor Valerian les dijo que no, porque yo podía hacer lo mismo que los hombres. Este profesor siempre me apoyó y nunca vio en mí una diferencia en mí por ser mujer. Él dedicaba su vida a la ciencia, para mí siempre ha sido un científico ejemplar, desde cómo ser humano hasta cómo hacía ciencia y cómo enseñaba. También otra cuestión fue esquiar: yo no sabía y tuve que aprender para poder contabilizar las huellas de los animales en la nieve y así conocer sus dinámicas poblacionales. Lo hice a pesar de que algunas personas de la reserva no querían que yo fuera a contar las huellas porque era mujer y, según ellos, no tenía la capacidad física.
F: Podrías platicarnos brevemente, ¿en qué consistió tu tesis o cuál fue la conclusión principal? Y allá, ¿cúal es la forma de titularse?
A: La titulación consistía en pasar un examen general de la carrera, cursar todas las materias, hacer una tesis y defenderla ante un comité en 15 minutos. Mi tesis fue acerca de la dinámica de ocupación, preferencia de dieta y de hábitat de jabalíes, alces y un venado. Allí tenían material de 30 años porque las reservas en Rusia están muy bien monitoreadas. Esos datos me los proporcionaban y los analizaba junto con los que yo recabé. Los jabalíes en Rusia se reproducen muy rápido y causan problemas cuando hay sobrepoblación; además, ahí no existía el depredador natural, el lobo. El problema era que los jabalíes estaban acabando con el bosque, ya que no se permitía la reforestación y mi trabajo consistió en ver su dinámica poblacional. Lo evalué antes y después de un experimento en donde les quitaron su comida preferida a estos jabalíes: las papas de los cultivos que tenía la gente alrededor. Por eso creció demasiado la población, pero cuando les quitaron ese alimento, bajó drásticamente. Mi trabajo consistió en mostrar todo eso en números, porque nadie había analizado las cifras. Una de las principales conclusiones fue que la comida era un recurso clave que influye en el crecimiento de la población de los jabalíes y que si se regula el alimento, entonces se puede regular la población.
F: Con base en tu experiencia, ¿qué le dirías o qué le recomendarías a alguien que quiere irse a estudiar al extranjero terminando la preparatoria?
A: Yo le diría que se fuera, que saliera a ver otras cosas porque eso te abre la mente, no sólo en lo que estudias, sino que de manera personal te cambia la vida. En mi caso fue relativamente fácil porque cubría los requisitos. No tuve problema porque nadie quería ir a Rusia, eran 10 lugares y sólo 6 se ocuparon. Sin embargo, sólo yo terminé, los otros cinco se regresaron. Otra cosa es que Rusia siempre ha apoyado a los países de tercer mundo y ha tenido una buena relación con México. Yo le diría a la gente que se quiere ir a otro país que vaya, no sólo por la educación y no porque México no tenga buena educación, sino para vivir la experiencia.
F: Y en cuanto regresas a México, ¿qué pasa? ¿sabías que querías hacer un doctorado? ¿de qué va tu proyecto de doctorado?
A: Me costó más regresar a México que quedarme en Rusia. Allá eligen a los mejores promedios y les proponen el doctorado, aunado a que ya me conocían y por el promedio que llevaba, tenía pase directo. Llegué a México y me topé con muchas trabas, las personas a las que yo buscaba como tutores para hacer el doctorado no me conocían ni tenían antecedentes de mí. Además, las bases que yo tengo son rusas, no son inglesas, ni gringas y todo lo que se ve en México se basa en autores gringos que yo no conocía. Quería entrar a la UNAM, pero los tutores no me conocían y tenían muchos alumnos. Al final, quien se interesó en mi proyecto fue un doctor que estaba en el Colegio de la Frontera Sur, en Chiapas. Otro de mis sueños era conocer la selva porque no la conocía y él me propuso trabajar en la Lacandona. Mi proyecto, que originalmente tenía que ver con gatos en los Chimalapas con división de nichos ecológicos, tuvo que cambiar. A los 6 meses de haber empezado, tenía que defender mi protocolo y resultó que otra persona en Oaxaca ya estaba en su segundo año haciendo lo mismo que yo quería hacer en los Chimalapas, pero en una región pegada a Veracruz y yo lo quería hacer en la región que colinda con Chiapas. Entonces, me dijo que teníamos que hacer algo porque no se podía repetir la investigación. Me puse mal, pero me acordé de una frase que me dijo Valerian en Rusia: que si mi motivación era la conservación, no importaba con qué animal trabajara, al final todo es una cadena y todos los animales se benefician. Entonces, decidí trabajar con madrigueras y con el roedor más grande que tenemos en México, el tepezcuintle. Este roedor habita en ambientes tropicales y la gente se lo come porque dice que su carne es mejor que la de venado y de jabalí, por lo que es la presa favorita de los cazadores del Trópico, no sólo el de México. Mi proyecto consistió en poner cámaras trampa en las madrigueras para estudiar la dinámica de ocupación de las madrigueras y cosas de selección y preferencia de hábitat. No me arrepiento de haber cambiado mi tema de tesis porque aprendí muchísimo, más que si hubiera trabajado con los gatos.
Me puse mal, pero me acordé de una frase que me dijo Valerian en Rusia: que si mi motivación era la conservación, no importaba con qué animal trabajara, al final todo es una cadena y todos los animales se benefician».

F: Y ahora, háblanos un poco de tu posdoctorado, ¿por qué en Macroecología? ¿Cuánto tiempo estuviste en Chile?
A: En Macroecología porque también me interesan las cosas complejas y se trata básicamente de estudiar los procesos y patrones que tienen que ver con cosas a nivel regional, a nivel continental o mundial. En mi caso, patrones de distribución y riqueza de mamíferos en América. Cuando regresé de Rusia, me fui a Inglaterra por una crisis existencial, de ésas donde terminas un ciclo y luego no sabes qué hacer. Estuve tres meses allá con un amigo y conocí a un macroecólogo reconocido: Kevin Gaston. Me entrevisté con él, pero no me gustó el estilo de vida en Inglaterra, a nivel personal y espiritual, por así decirlo. En ese momento, tampoco me gustó que en la Macroecología normalmente se hace análisis de bases de datos en escritorio sin salir a campo. Sin embargo, cuando terminé el doctorado, esa inquietud de estar en la selva, en el campo, ya la había cumplido y lo disfruté tanto que pensé: “ya puedo trabajar en Macroecología, puedo estar tranquilamente trabajando en la computadora analizando”. Busqué en el mundo en general y contacté al Dr. Pablo Marquet que está en Chile. Él leyó mi proyecto, le interesó y me fui a Santiago de Chile, a la Universidad Católica, durante dos años con beca de CONACYT. Allá hay becas que da el gobierno y son muy buenas. Literal, ¡aplica todo mundo! A mí personalmente no me fue nada bien en Chile; me quería regresar al segundo año, no entendía el idioma, los modismos que tienen. Te estoy diciendo desde mi experiencia, no significa que toda la gente sea así. Como referencia, no existen las escuelas de gobierno, todas las escuelas son de paga, así que la educación en Chile es para la gente que puede pagar. Allá, estudiar es un privilegio. En México somos afortunados de tener la UNAM, Chapingo, todas las universidades públicas. Somos afortunados en muchos sentidos, pero no lo sabemos porque no viajamos a otros lugares. Por una parte, allá estaba muy bien porque había recursos, la universidad es auspiciada por el Vaticano, pero por otra parte, el proceso emocional fue muy agotador porque la sociedad te hace sentir como ajena. Fue un agotamiento tan fuerte que cuando llegué a México dije: “no quiero saber nada de la ciencia”. Llegué hace dos años y con el cambio de gobierno aquí, se quitó mucho presupuesto a la ciencia. Un poco viendo eso y un poco mi estado psicológico emocional me vine a Oaxaca a restaurarme.
F: Considero que tienes una experiencia vasta, no sólo por haber estudiado fuera de México, sino además, por estar en laboratorios con condiciones variadas y temas diferentes. Bajo esa experiencia, ¿qué mensaje le darías a las niñas que puedan estar leyendo esta entrevista?
A: El mensaje para niñas y niños es que se dediquen a lo que los haga felices, no necesariamente tiene que ser ciencia, pero que nunca dejen de preguntarse cosas. Que ninguna pregunta es absurda y que siempre busquen la manera de responderlas. Que trabajen en lo que les llene el alma más que el bolsillo porque si les llena el alma solito va a salir el dinero. No necesitas canjear tus pasiones por hacer algo que no te gusta. Entonces, los invito a que luchen por sus sueños, sea en el ámbito que sea.
Que trabajen en lo que les llene el alma más que el bolsillo porque si les llena el alma solito va a salir el dinero. No necesitas canjear tus pasiones por hacer algo que no te gusta».
F: Como dicen, soñar no cuesta nada. Así que, en el caso hipotético de que en este momento contarás con recursos económicos ilimitados, ¿qué cosas harías?
A: Son muchas cosas las que quisiera hacer, me enfocaría en campañas en contra de la violencia en general y sobre todo contra la violencia animal; ya sea contra animales de compañía, animales en zoológicos y cualquier tipo de animal que sufra de violencia. Me enfocaría en destinar esos recursos a campañas de concientización y acciones para disminuir la violencia.
F: Muchas gracias por tu tiempo, por compartir tu experiencia de vida tan valiosa. A veces la población en general oye la palabra “científico” y puede tener un concepto, pero también somos personas con una vida personal y profesional donde nos enfrentamos a un montón de situaciones. ¿Algún comentario que quieras agregar?
A: Me faltó comentar acerca de que a veces estamos muy metidas en la academia y nos olvidamos de nosotras mismas. En mi caso, el arte siempre ha sido mi salida y mi medicina. Cuando estaba en Rusia bailaba, bailes folklóricos, y cuando estaba en Chiapas haciendo mi doctorado, me metí a un grupo folklórico. Creo que sin eso no hubiera logrado estar a flote; para otras personas, es el deporte u otras cosas. Como mensaje, quiero mencionar que es importante equilibrar la parte académica y la parte de vivir la vida. Imagina que llevas una semana encerrada leyendo y escribiendo porque tienes que entregar un proyecto, eso no es vida. A veces, hay que tener en cuenta que en el ámbito académico nos perdernos, eso fue un poco lo que me pasó en Chile.
Como mensaje, quiero mencionar que es importante equilibrar la parte académica y la parte de vivir la vida. Imagina que llevas una semana encerrada leyendo y escribiendo porque tienes que entregar un proyecto, eso no es vida».
Es un patrón que sigues porque la sociedad así te lo marca, porque es así cómo “debes” hacer esta cotidianidad, de que tienes un trabajo y una rutina. En la academia, cada vez son más las actividades que te ponen, pero hay una vida afuera también. No sólo se trata de encontrar la cura contra el cáncer porque, si tú no te salvas, ¿qué pasa entonces? Es importante no olvidarse de una misma. Yo creo que en general, las mujeres somos muy fuertes en ese sentido, pero nos perdemos fácil, por cuestiones sociales y culturales. Nos han inculcado que así tiene que ser y no es cierto, también tenemos derecho a disfrutarnos, a saber vivir y a disfrutar la vida.

Revisora: Sandra Sánchez
Diseñadora: Yunuen Reyes Castro
***Este texto fue publicado por primera vez el 11 de enero de 2021 en el sitio web extinto http://www.cientificasmexicanas.com, como parte del blog “Mexicanas al Grito de Ciencia“ creado por la entonces asociación de mujeres científicas llamada Científicas Mexicanas, que se mantuvo activo de Junio de 2020 a Junio de 2022. En el 2024 decidimos fusionar esfuerzos y una parte del equipo de trabajo decidió sumarse a la Tripulación de Prisma para seguir navegando, gracias por su comprensión y apoyo.