Sobre el amor cortés

Surge a finales del siglo XI y principios del XII se trata de un concepto literario amoroso de la época medieval. Sus antecedentes, probablemente, se registran en la poesía árabe y la literatura de los cátaros, esto se debe a que los artistas se influenciaron de dichas corrientes por las campañas religiosas: las Cruzadas.
Empezó como una ficción literaria, los trovadores deleitaban a la corte con historias amorosas acompañadas de guitarras y flautas. Los relatos eran de amores imposibles; la dama era asediada por un caballero que cantaba coplas bajo su ventana (fig.1), luchaba contra abominables alimañas para obtener su amor, en ocasiones ella estaba casada o comprometida por lo cual el caballero fungía el papel del amante.

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Fig.1 El amante llega a la torre de su amada gracias a una canasta. Ilustración del Codex Manesse.

“Primero es un periodo de timidez en que el amante apenas insinúa su amor a la dama, en ansiosa espera de que ella le dé alguna señal de reconocimiento; segundo recibido el permiso de amar, adopta él una actitud abiertamente suplicante; tercero la dama premia al amante con prendas personales de vestir o incluso con dinero (fig.2); y el último y culminante la amada comparte su lecho con el amante” [1]

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Fig. 2. La dama premia al caballero con un yelmo alado.

Los encuentros ocurrían en secreto este tipo de amor no era reconocido por la religión al contrario era pecaminoso. Estas historias pronto dejaron de serlo dado que los matrimonios siempre eran arreglados por estrategias  económicas o alianzas políticas,  las constantes salidas de los hombres para luchar a los campos de batalla propiciaban que la mujer se enfadara de su vida monótona y se decidiera a vivir sus aventuras.

La fidelidad en ese entonces no era una conducta estricta Leonor de Aquitania es uno de los ejemplos más claros a los quince años se casó con Luis VII, las tensiones en su relación la fragmentaron  finalmente se desposó con Enrique II su matrimonio terminó por motivos de infidelidad de parte de él. En ese tiempo  las mujeres gozaban de más libertades sobre todo las que pertenecían a los altos rangos. Más adelante la monarquía y la iglesia suprimen este tipo de comportamiento.

Empoderamiento de la mujer

En el amor cortés la dama suele tener una condición social más elevada que el hombre, él se sitúa en un lugar inferior se comunica con ella a través de señales, flores, pañuelos, aves, poemas. El amante debe ir a paso lento, pues un movimiento en falso significa perderla, debe ser sumiso, cortés, amoroso, agradable y por supuesto debe ir bien vestido su misión es cortejarla enaltecerla hasta que ella de pie a algo más.

“En las relaciones amorosas la dama es el señor y el caballero su vasallo. A ella debe encomendar sus proezas y ponerse a su disposición de ahí que uno de los apelativos para normar a la dama sea “Midons” o “Miseñor”. El vocabulario religioso se superpone al amoroso, a la dama se le considera el dios y al amor cortés, una religión de amor porque se profesa una verdadera idolatría a la dama la cual puede ser generosa y otorgarle el galardón de la consumación física, pero también cruel y celosa y obligar al caballero a acometer empresas peligrosas por ella”. [2]

La mujer aún no gozaba de libertad jurídica y en esa época era impensable. El amor cortés las empodera sobre sus cuerpos; su papel había sido de sometimiento, por primera vez elige amante y si quiere o no entregarse. Mientras que el amante es esclavizado por sus deseos.

Ellas se dan cuenta de la capacidad que tienen para chantajear al hombre. Es aquí cuando se entintan de antivalores como la vanidad, mentira, lujuria, envidia, celos etc. Características ampliamente descritas por Andrés el Capellán en el tercer libro de El Tratado de Amor Cortés  donde desenmascara a la mujer y sus artimañas.

El amor cortés: una tradición

En pleno siglo XXI persisten costumbres y creencias del amor cortés como el amor a primera vista, las escenas de celos para avivar la llama del amor, el proceso de cortejo que incluyen regalos, poemas y canciones, el papel de la mujer “de hacerse la difícil”, “del rogar” o “darse a desear”. Ver las rupturas amorosas cómo catástrofes dónde “no nos calienta ni el Sol” donde la única salida al parecer es el suicidio. La búsqueda de algún amante para  darle un toque de emoción a la vida sin importar las consecuencias o aplicar el chantaje para “salirse con la suya”.

Novecientos quince años han transcurrido, aproximadamente, desde que estas historias aparecieron en el acervo cultural y al parecer las relaciones humanas siguen siendo igual de complicadas que en aquellos años.

Fuentes de consulta

[1] Capellán, Andrés el. Tratado del amor cortés. México: Porrúa, 1992; p.XV.

[2] Rodilla, María José. “Libros de caballería y novelas caballerescas”.  Caballeros y libros de caballerías. Universidad Nacional Autónoma de México, 2008; p.137.

[3] Rougemont, Denis de. El amor y occidente. Barcelona, España: Kairos 1979.

 

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