Semelparidad: reproducirse y morir

La reproducción es quizá el evento más importante en la vida de un ser vivo y que requiere más energía, su éxito reproductivo determina su supervivencia como especie. Existen diversas actividades relacionadas al apareamiento como: numerosas y extravagantes técnicas de cortejo, apareamientos repetitivos, varias formas de fertilización y todo con el objetivo de crear descendencia y en lo posible lograr su supervivencia. Existe un grupo de organismo que toda la energía acumulada durante su vida es dirigida para una única y fatídica reproducción exitosa.

Dos de los estilos reproductivos más comunes son la iteroparidad y la semelparidad. La primera ocurre cuando un organismo se reproduce año con año, la transmisión de la información genética se incrementa con cada apareamiento, si por alguna razón las condiciones no favorecen la supervivencia de las crías un año, existe una oportunidad el siguiente. Ejemplos de iteroparidad son las tortugas que año tras año depositan docenas de huevos y también nosotros los seres humanos. Por otra parte existe la semelparidad, un tipo de reproducción poco frecuente y radical [1].

La semelparidad (del Latin semel una vez y pario dar a luz) es una estrategia reproductiva en la que un organismo sólo se reproduce una vez y muere después de hacerlo, por esta razón también se le denomina reproducción suicida. La razón de que mueran los organismos es debido a un intenso esfuerzo reproductivo y no una consecuencia de un sacrificio voluntario [2].

Pero ¿cómo se elige una u otra estrategia de reproducción? ¿Porque la naturaleza permite un acto “cruel o de expiación” cómo el de dar la vida por dejar descendencia? En primera la naturaleza no conoce este sentido de la crueldad con sentido meramente humano y en segunda este tipo de estrategia se ve influenciada por la supervivencia de los estados juvenil y  adulto de los organismos con el fin de crear el mayor número de eventos reproductivos.

Reproducirse varias veces durante la vida se favorece cuando las supervivencia  del estado adulto es alta, pero su fecundidad es baja, así como una escasa supervivencia del estado juvenil, por tanto existen más oportunidades de que las crías sobrevivan si nacen más.

Por otra parte, reproducirse únicamente una vez en la vida es favorable cuando la supervivencia del estadio adulto es bajo y el juvenil alto. Por esta razón, los organismos semélparos presentan un mayor esfuerzo durante el apareamiento que otras especies [3]

Morir después de la reproducción ha sido descrito en varios organismos como plantas y animales. A continuación se describen algunos ejemplos.

 

Salmón del Pacífico

Los salmones son peces de agua salada, sin embargo cuando llegan a la edad adulta logran adaptar su fisiología para sobrevivir en agua dulce cómo lagos o lagunas (Fig. 1), un lugar más seguro para la fecundación de sus huevos y el desarrollo de sus crías, ya que en el lecho marino existe una gran probabilidad de que sean devorados.

Existe bastante información acerca de la dificultad que padecen para nadar contra corriente a las zonas de desove, durante este tiempo no se alimentan, sufren mucho daño al golpearse contra rocas y terminan exhaustos. Después de llevarse a cabo la fecundación los padres mueren, pero han provisto a su descendencia de un lugar seguro para eclosionar y crecer [1].

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Fig 1. Migración del salmón sockeye del océano pacífico a los ríos en Canadá, durante su travesía cambian su coloración de plateada oscuro a rosada. Tomada de: http://bit.ly/1RKWw0j

 

Pulpos

En el caso de los pulpos su forma de reproducción involucra que el macho deposite su esperma dentro del cuerpo de la hembra, estas son más grandes que los machos y cuando estos se acercan intentan estrangularlo y comerlo.

A diferencia de las hembras, los machos tienen un tentáculo modificado llamado hectocótilo que usan para aparearse insertándolo en la cavidad del manto y depositan los espermatóforos (paquetes de espermatozoides) en la hembra (Fig. 2).  El macho debe ser muy cuidadoso porque siempre está el peligro de canibalismo por parte de la hembra.

Otros ejemplos de machos que son devorados por sus parejas son la mantis religiosa y algunas especies de arañas, como las arañas lobo (Lycosa hispanica).

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Fig. 2. La forma en la que se reproducen los pulpos es que el macho introduce un tentáculo modificado en el sifón de la hembra para depositar su esperma. Modificado de [4]

Marsupiales

Existe un caso de marsupiales insectívoros que mueren después de que agotaron todas su energía para reproducirse, se trata del antequino bruno o de Swainson (Antechinus swainsonii) de Australia (Fig. 3)

Estos mamíferos llevan una época de apareamiento muy desgastante y fugaz ya que las hembras se sincronizan para dar a luz a sus crías en una época del año dónde la abundancia de insecto es mayor.

Se ha descrito, de forma general, que las especies con una época de apareamiento corta tienen una probabilidad menor de supervivencia, por tanto la forma de vencer esta limitante es tener un esfuerzo competitivo mucho mayor, la lógica es poner todo el esfuerzo en reproducirse solamente una vez si las oportunidades de sobrevivir el próximo año son escasas. Por tanto los machos pueden aparearse durante 14 horas con el fin de vencer el esperma de otros.

Al final de las dos semanas de reproducción, todos los machos mueren, el elevado nivel de estrés provoca un colapso en el sistema inmune y mueren por hemorragia e infección [5].

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Fig. 3. El marsupial Antechinus practica el apareamiento suicida [5]

Agaves

En los ejemplos anteriores se han descrito animales que presentan un tipo de “reproducción suicida”, sin embargo también las plantas pueden presentar algo semejante. Durante su vida las plantas mantienen el objetivo primordial de formar semillas y que estas logren dispersarse para que germinen y formen nuevamente una planta. Para lograrlo necesitan la formación de las flores, su estructura reproductiva por excelencia. Muchas plantas producen flores varias veces en su vida, pero otras no, como el caso de los agaves.

Estos se reproducen sólo una vez en su vida y mueren después de formar una colosal fluorescencia de aproximadamente 6 metros, una de las flores más impresionantes en la naturaleza (Fig. 4). El Agave tequilana Weber variedad azul florece de los 6 a los 12 años de edad, cuando alcanza su madurez fisiológica, después de la cual muere ya que ha agotado todas sus reservas acumuladas por varios años.

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Fig.4. Inflorescencia del agave (Colunga et al., 2007)

Se dice que en estas plantas los polinizadores han reforzado esta estrategia al ser atraídos a las plantas más altas con el fin de obtener el mayor polen posible, lo que  finalmente tiene un efecto positivo en el éxito reproductivo de la planta. [6]

En suma, existen seres vivos que hacen todo lo posible para dejar descendencia, durante toda su existencia mantienen la energía necesaria para un único evento que asegurará la preservación de su especie. Quizá los humanos debamos considerar este tipo de eventos y sentirnos privilegiados de nuestra posición en la naturaleza, tanto como observadores y críticos, así como repasar nuestra responsabilidad para mantener y aprovechar conscientemente lo que nos brinda la Tierra.

Fuentes de consulta
[1] Hall, Brook Ellen. 2002. Iteroparity and Semelparity. Animal Sciences. Disponible en http://www.encyclopedia.com.  Fecha de acceso: 14 de febrero de 2016
[2] Bonnet X. Chapter 17: The Evolution of Semelparity in Reproductive Biology and Phylogeny of snakes. Fabian, D. Flatt, T. (2012)  Life History Evolution.Nature Education Knowledge.
[4] Harmon K. 2015. How male octopus avoid being eaten by hungry females.  Disponible en http://www.bbc.com/earth/story/20150223-mysteries-of-cannibal-octopus-sex. Fecha de acceso: 14 de febrero de 2016.
[5] Handwerk B. 2013. Why Some Animals Mate Themselves to Death. Disponible en: http://news.nationalgeographic.com/news/2013/10/131007-marsupials-mammals-sex-mating-science-animals/”>http://news.nationalgeographic.com/news/2013/10/131007-marsupials-mammals-sex-mating-science-animals/ Fecha de acceso: 14 de febrero de 2016.
[6]  Rocha M., A. Valera & L. Eguiarte. 2005. Reproductive ecology of five sympatric Agave Littaea (agavaceae) species in Central México. American Journal of Botany.

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